Sobre los Toros y el Arte

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos

(decía P. Neruda en su Poema Nº 20).


Otros versos sueltos de ese poema para ponernos en contexto emocional:

Yo la quise y, a veces, ella también me quiso.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Es tan corto el amor y es tan largo el olvido.

Quiero empezar este encuentro agradeciendo vuestra presencia. Queremos que Proyecto Glocal no sea sólo un espacio en el que se pueden ver exposiciones y tomar un vino con amigos y amigas en las inauguraciones —tal vez comprar alguna obra preciosa—, sino un lugar de reflexión colectiva sobre asuntos interesantes. Vaya por delante que la verdadera y última intención de PG es ayudar, en la medida de nuestras posibilidades, a acercar un mundo mejor para todas las personas, y creemos que la buena comprensión de la realidad es el punto de partida imprescindible para lograrlo. Y que la cultura bien puede ser el vehículo adecuado para facilitar esa comprensión a la que me refiero. Con esa intención estamos hoy aquí.
Ésta que nos rodea es la exposición número 20 que se celebra en la galería, y también es la más inusual de las que hemos lanzado hasta ahora. Todas las exposiciones anteriores se habían elaborado desde el presente y miraban al futuro; eran muestras de lo que se viene llamando “arte actual”. Ésta nos mira desde el pasado y nos anima a darle una vuelta al presente. Aprovecho para decir que esta exposición ha recibido mucha menos atención que las anteriores que hemos tenido aquí, y bastante más incomprensión por parte del público que cuando hemos colgado en las paredes obras conceptuales o realizado performances.

Y eso nos ha servido también para plantearnos algunas cuestiones que bien merecen que les demos una vuelta.

¿Para qué sirven las obras de arte? Hay bastante consenso en que las producimos cuando algo nos inquieta o afecta. Con la modernidad aparecieron las obras de arte que se hacían de una forma similar a la de los y las artistas rupestres. Simplemente respondiendo al impulso elemental de dar forma gráfica y visual a lo que era importante para ellas.

Es casi inherente al ser humano, a cada individuo, realizar gestos y garabatos sin apenas darnos cuenta. Nos gustan los objetos que arañan las superficies, nos gusta transformar lo que tenemos alrededor, nos agrada el rodar del boli sobre un papel, especialmente durante los ratos de monotonía.

Poéticamente habita el hombre la tierra, decía Hölderlin, que interpretado por Heidegger significa que no sabemos ser humanos sin desarrollar nuestra dimensión creativa y expresiva.

Cuando dibujamos líneas sin ton ni son, cuando experimentamos la escritura automática, cuando soñamos por la noche, surgen, sin que se pueda evitar, los  fantasmas, los delirios, los anhelos, las imágenes que guardamos en oscuros rincones de la mente. De este modo aparecen figuras (que es un término emparentado etimológicamente con ficciones y con fingimientos) que exponen, es decir, sacan de algún lugar para ponerlas delante de los ojos y que se puedan ver, todas esas inquietudes.

Esto hacemos las personas comunes con frecuencia. O hacíamos, antes de tener constantemente una pantalla en la mano que nos distrae de nosotras mismas, precisamente con una cascada de imágenes ininterrumpidas. Un impulso que tenemos todas y que a nadie asombra, que deriva en algunas ocasiones en exhibiciones de virtuosismo. Entonces nos quedamos perplejas observando aquello que ha brotado de los dedos y la mente de otra persona. Y le llamamos artista, que es otra forma de decir Ése o Ésa que sabe hacer las cosas bien.

Primero Herder y después Hegel comprendieron que esos objetos que producen determinadas personas, y que nos parecen tan significativos que deseamos conservarlos para que duren, retratan a las personas que los hicieron, pero también a toda la sociedad que les rodeaba. De este modo hablamos de arte precolombino o de arte flamenco, porque entendemos que en esas piezas se refleja toda una cultura. Una sola persona, la mayoría de las veces, es quién realiza materialmente cada obra, pero lo hace desde el lugar y el tiempo que habita, de modo que ese entorno y sus condicionantes quedan contenidos en los propios objetos artísticos.

Por si fuera poco es la sociedad la que elige algunas piezas y las conserva con cuidado, porque entiende que en ellas hay algo valioso. Con esta acción de rescatar algunas y despreciar otras, los grupos humanos que encarnan las diferentes culturas también están contribuyendo a definir las imágenes de ellos mismos que quedarán para la historia.

Al menos parcialmente esta charla de hoy va de la fuerza poderosa de la nostalgia, de ahí los versos de Neruda del principio. Como Norman Bates en la película de 1960, Psicosis, a veces tratamos de generar otras realidades distintas que nos permitan vernos, no como somos, sino como querríamos ser. O volver a ser, en este caso. La nostalgia se produce cuando idealizamos y falseamos un relato, y pretendemos que se haga realidad. Se suele producir a partir de recuerdos desconectados que se mezclan con fantasías. Incluso cuando se logra restituir el paisaje que anhelamos, sabemos que la imagen es un cromo, una ilusión.

Voy a intentar no enrollarme y a dejar que participéis vosotros y vosotras. En alguna ocasión lanzaré algunas preguntas y os animo a planteároslas y tratar de dar una respuesta personal, pero también os animo a que levantéis la mano en cualquier momento para hacer alguna intervención. Si se genera un debate, esta jornada de reflexión colectiva habrá salido bastante bien. ¿Alguien quiere comentar algo ahora?

EL ARTISTA, EL TOREO Y EL PASO DEL TIEMPO

Mi amiga Patricia Saavedra me propuso que programáramos una exposición monográfica con el trabajo de su abuelo, Santos Saavedra, para cerrar la temporada 25/26. Pati es hoy artista plástica (ya ha expuesto en esta sala en un par de ocasiones) y antitaurina, pero siente un enorme respeto por el trabajo de su abuelo, que sin duda le influyó hace muchos años para animarse a tomar los pinceles.

Santos Saavedra trabajó desde muy jovencito en la representación artística del mundo del toreo y de la Fiesta. Como nació en 1903 y vivió hasta 1997, podemos decir que su trabajo abarcó la mayor parte del S. XX, centrado en un asunto que era muy español; muy nuestro. Tal vez el más español de todos los posibles, por lo menos en el imaginario internacional. Llegó a ser un artista muy popular y sus obras se encuentran hoy en colecciones y museos de todo el mundo.

De acuerdo con lo que había propuesto anteriormente, las obras de este artista representan muy ajustadamente uno de los aspectos más vistosos de nuestra idiosincrasia española del siglo anterior.

  • Es fácil entender el toreo como símbolo de una identidad cultural. A principios del S. XX, levantaba pasiones entre casi todos los españoles, y el franquismo lo utilizó como reclamo (también contra los independentismos periféricos) con esa intención. Desde aquí y ahora, en 2026, ya no es posible ver los toros sin considerar también esa parte de nuestra historia reciente.
  • Conviene pensar en los momentos por los que atraviesan las sociedades. ¿Qué queda, de aquellos españoles que fueron, en los españoles que somos ahora? Es indudable que desde el españolismo se ha intentado generar un relato que da por buena la invasión romana, desprecia la invasión árabe, magnifica la conquista de América, olvida los excesos del catolicismo y lo viste todo con folclore de pandereta (aquella muñeca de plástico que baila sevillanas y un toro con sus banderillas, sobre el televisor). Evolución o regresión, según el punto de vista de cada cuál.
  • Otro tema interesante, aunque muy manido ya, es el de la dificultad de apreciar el trabajo creativo de aquellos artistas que nos caen mal. Woody Allen, Plácido Domingo, Pablo Picasso, Leni Riefenstahl… en fin, el propio Pablo Neruda. Os confieso que salvo Domingo, las otras cuatro personas que he nombrado aquí me siguen conmoviendo.
    ¿Cómo reaccionamos ante los cuadros y dibujos que hizo un señor que amaba el toreo, pero que no tienen sangre, ni olés, ni calor asfixiante?¿Cómo podemos acercarnos a ellos las personas que no sentimos especial predilección por la Fiesta Nacional?
  • ¿Qué ha cambiado desde, digamos, 1950 hasta ahora, en España para que cueste tanto disfrutar de estas obras? Incluso, ¿qué ocurre cuando miramos con los ojos de ahora los cuadros de “entonces”? Aventura una amiga que es que ha pasado muy poco tiempo. Somos capaces de contemplar, incluso con ternura, las obras de otras civilizaciones, o de nuestro pasado remoto. Vemos el Juicio Final con esos monstruos
    devorando a los pecadores en cualquier iglesia románica, y esbozamos una sonrisa simpática. Seguramente hemos aprendido a mirar esas representaciones y ya no nos despiertan inquietud. En cambio el ruedo, las banderas españolas, y los muletazos siguen muy frescos en nuestra memoria. Mucha gente los identifica con épocas terribles que querríamos superar. Otra gente, en cambio, siente nostalgia ante estos mismos
    estímulos.
  • Pero no sólo es una exposición sobre el toreo; es una exposición sobre un artista que vivía con pasión este asunto, y volcó en él toda su fuerza creativa. En cierto modo es una exposición sobre las pasiones colectivas. Ahora cuesta imaginarlo, pero es cierto que el toreo unificaba a todas las ideologías y, con matices, a todas las clases sociales.
  • También se puede entender que lo que vemos en esta ocasión es la máxima representación de un ideal romántico, cuando España se convirtió, para muchos europeos, en reducto de comportamientos exóticos, primitivos y apasionados. Es cierto que relacionamos esos tópicos con la Carmen de Merimé y el siglo XIX, pero el mito del Romanticismo sigue muy vivo, y extiende sus tentáculos hasta nuestros días.


LOS TOROS

Vuelvo al trabajo de Saavedra porque creeo que no se puede acabar esta charla sin ser valientes y lanzarnos al ruedo a pecho descubierto. Un eje distinto de esta exposición, y la que yo creo que ha alejado a algunas personas de esta sala, es el asunto de los partidarios y los detractores de los toros.

No sé si hay muchos temas en los que se defiendan posturas tan irreconciliables como éste.

Como me gusta meterme en charcos y creo, además, que el diálogo franco y respetuoso es la mejor oportunidad para resolver conflictos y facilitar la convivencia, he querido intentar que este encuentro también permita a las dos partes explicar sus puntos de vista, y tratar de comprender los de las personas que ven la realidad de manera diferente.

Algunos asuntos para considerar:

  • El toreo es un arte importante y valioso, y forma parte de nuestro acervo cultural.
  • Existe una tradición centenaria en este sentido y, aunque puede haber pasado por horas bajas, vuelve a robustecerse en nuestros días.
  • Esta actividad se ha convertido en una seña de identidad nacional, despierta el interés del turismo y tiene su importancia económica. Además preserva la cría del toro de lidia que, de otro modo, tendería a la extinción.
  • En una época en la que la unidad nacional se ha puesto a veces en duda, el toreo se erige en símbolo de este país, especialmente para aquellos que reclaman su carácter unitario.
  • Aunque no hay ninguna razón práctica para que esto sea así, estas reivindicaciones nacionales se asocian con la ideología de derechas, de modo que el propio arte del toreo se ha convertido en un asunto ideologizado.
  • Por otra parte las preocupaciones ecologistas y animalistas se han quedado asociadas a la ideología de izquierdas, de modo que un debate que era sólo ético y estético se ha convertido en un elemento más de polarización ideológica.
  • En muchas localidades de la geografía española se gastan importantes cantidades de dinero del presupuesto municipal en encierros y corridas, cosa que molesta bastante a una parte significativa de la población que ve cómo se destinan sus impuestos para una actividad que consideran execrable. Estas celebraciones, sin embargo, agradan mucho a las personas aficionadas a los toros y son el alma de las fiestas patronales.
  • A pesar de eso las encuestas muestran un declive constante en la asistencia a las plazas. Se argumenta que, sin la millonada de dinero público destinado a esta actividad, la tauromaquia no sobreviviría.
  • Para las personas críticas con esta afición taurina, las corridas son crueles y  promueven algunos aspectos morbosos de la psique humana, tales como deleitarse con el sufrimiento de otros seres vivos, o con el propio riesgo para la vida que corre el torero al ejercer su arte.
  • Para colmo, según su punto de vista, se está intentando promover la Fiesta Nacional entre las personas más jóvenes, que tienen su cerebro demasiado inmaduro. Para algunas personas esto resulta escandaloso.
  • Finalmente, aunque hay muchas mujeres aficionadas a los toros, y aún mujeres toreras, esta actividad representa fácilmente un mundo de valores masculinos, desde el punto de vista más peyorativo del término.
  • He intentado aprovechar la exposición de Santos Saavedra en junio de 2026, en Proyecto Glocal, para lanzar este batiburrillo de reflexiones sobre el arte y su relación con la sociedad que, nos guste más o menos, constituimos todas las personas que habitamos este país.


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