Rentrée 2026

Señoras y señores, niños y niñas, ¡¡el mundo se va a la porra!! 

La desconfianza hacia el resto de las personas, hacia nuestras posibilidades, hacia los medios de conexión y encuentro, hacia la política, hacia la humanidad misma, nos están distanciando o enfrentando hasta límites desconocidos. Se hace de noche y crece la oscuridad.

En estas circunstancias es fácil y tentador dejarnos caer en el desánimo, el cinismo, la rabia  y, aún, en el nihilismo. Es normal, a la vista de los vientos que soplan. Digo que es tentador, pero desde PG pensamos que no serían más que respuestas frustrantes que no arreglarían nada. El otro día una buena amiga me preguntó qué era lo que más me gustaba. Como me pilló con el pié cambiado le contesté alguna frivolidad, pero la cuestión se quedó en mi cabeza. En realidad lo que más me gusta, lo que más me interesa, es ENTENDER. El entorno, a las demás, lo de cerca y lo de lejos, las conexiones… a mí mismo.

Ningún proyecto que merezca realmente  la pena puede tener otro objetivo prioritario que el de intentar hacer del mundo un lugar mejor. Claro, planteado de esta forma será fácil de aceptar por cualquiera pero inmediatamente se ve que aparecen dos problemas: ¿A qué nos referimos cuando decimos “el mundo”? Y, más difícil todavía, ¿qué demonios significa “mejor”? 

Proyecto Glocal sí quiere merecer la pena y nos atrevemos a hacer honor a nuestro nombre. Intentamos pensar globalmente y actuar localmente. Nuestro afán y nuestra esperanza es que ese cambio necesario se alcance a través del diálogo con las personas, atendiendo a las ideas diferentes de las propias, y aprovechando la cultura en general como herramienta que facilita el encuentro. Si nos enfrentamos unas con otras o si bajamos los brazos ante las dificultades, todas perdemos. Pero si encontramos cauces para colaborar se puede vencer a las profecías que nos abocan al desastre.

En algún momento entre 2021 y 2022 pensé que Proyecto Glocal era posible, y tomé la decisión de intentar ponerlo en marcha.

El 6 de septiembre de 2024 os invité a la inauguración, no de una exposición de arte, sino del proyecto mismo. En aquella ocasión os conté que me planteaba este experimento con una duración de dos años, y que me parecía probable que pasado ese plazo, a la vista de la previsible catástrofe económica y de la probable falta de interés del público, tuviese que cerrar.

Hoy es 12 de septiembre de 2026, y no sólo no cerramos Proyecto Glocal, sino que las cosas van tan bien que ya nos parece que aguantaremos varios años más. 

Os hago una relación rápida de algunas cosas que han pasado aquí, hasta ahora:

  • 20 exposiciones de arte, algunas individuales y otras colectivas. Dos performances artísticas, además.
  • Dos encuentros abiertos al público para hablar de política (uno sobre libertad y otro sobre democracia), tres encuentros para hablar de arte, tres presentaciones de libros, charlas sobre feminismo, medioambiente, pornografía, consumo de energía, alimentación responsable y filosofía humanista.
  • Visionado y debates posteriores de la serie Hope, de Javier Peña.
  • Activación y desarrollo de Mesas de Reflexión Colectiva (MRCs), funcionando especialmente bien la de política y la de filosofía.
  • Página web con escaparate de todas estas actividades, tienda online y foros abiertos de discusión y debate (¡mirad y participad en esos foros!).
  • Y la que, tal vez, sea la más trascendente desde el punto de vista práctico, y para mi salud mental: Hemos incorporado a Yenny a este proyecto, que aporta su inteligencia, sensibilidad y esfuerzo, para que las cosas funcionen cada vez mejor.

Para la temporada 26/27 hemos intentado hacer más acogedor este espacio para que os acostumbréis a habitarlo y que traigáis a vuestras amigas/os, abrimos una biblioteca pública dedicada sobre todo al arte, la filosofía, la educación y la política, estamos colocando telas opacas para que las proyecciones se puedan disfrutar más, hemos impreso nuevos modelos de camisetas que os presentaremos luego. También nos gustaría darle un empujón vigoroso a las MRCs para que funcionen con más eficacia, y a la futura Asociación Cultural T+, que debería aglutinar todas estas actividades en el futuro. También tendremos el primer certamen de arte de la galería y, desde luego, diez exposiciones de arte. 

Y todos los debates, presentaciones y encuentros que podamos, claro está.

Os quiero contar una historia. Me la contaron hace muchos años y he tardado un poco en entenderla. Es más, no estoy seguro de entenderla aún: 

Hay una persona que ve desde su barca que, en el fondo del mar, hay un tesoro sumergido. Decide recuperarlo y baja todo lo que puede. Como no logra llegar tan abajo, sube a tomar aire y vuelve a intentarlo. La profundidad es mucha, pero esta persona no está dispuesta a renunciar al oro y las joyas. Se esfuerza muchísimo y finalmente consigue atrapar un puñado. Cuando sube de nuevo y recupera el aliento en su barca, ve que sólo son baratijas. 

¿Cómo es posible? ¡Desde la superficie se veía tan claro su valor! Finalmente comprende que el tesoro es real, pero sólo si permanece sobre la arena del fondo. Si lo quieres traer a este mundo pierde su esplendor.

Hay muchas posibles interpretaciones de esta fabulilla. Desde el punto de vista de las artistas, puede referirse a la dificultad de materializar aquello que funciona tan bien en nuestra cabeza. En todo caso, ese impulso de bucear y esforzarse bien podría ser un tesoro en sí mismo, aunque no sea fácil convertirlo luego en oro. Para las personas que contemplan las obras de arte es una invitación a profundizar y no quedarse en la superficie. Es posible que el arte se resista a ser extraido y expuesto directamente a la luz del sol.

Supongo que ya lo averiguaremos.

A veces he dicho que Proyecto Glocal pretende ser un centro de desarrollo cultural. El concepto es tan vago que permite casi todas las interpretaciones. En otras ocasiones lo he descrito como un espacio de encuentro, reflexión y diálogo. También he hablado en alguna ocasión de  la intención que tenemos de democratizar el arte: a la galería se viene a observar más que a comprar, y eso es bueno. Desde Frank Stella sabemos que todo gesto humano es un signo, y que cualquier creación es un intento de entender y de explicar algún aspecto del mundo. Ese mundo que decía antes que se nos va a la porra. Por eso es urgente ponerse a la faena cuanto antes. Había pensado hacer camisetas con la frase “Quién pueda hacer, que haga”. Me lo desaconsejaron y al final elegí otros lemas, pero la idea, al margen de la intención que pudiera tener José María Aznar cuando la popularizó, me parece muy buena. 

En realidad, no quiero ocultarlo por más tiempo, el fin último de todo este proyecto es la cohesión social, la consolidación de la comunidad humana a través del conocimiento (mutuo, de una misma, de la realidad y del mundo). En ese sentido creemos que las actividades artísticas, que incluyen la creación, pero también la contemplación y el disfrute, pueden ser palancas óptimas para esa reflexión y ese acercamiento. ¿Es posible que el tesoro deje de ser tal cuando una sola persona trata de poseerlo?¿Que sólo exista cuando es de todas y de todos? Por eso hablaba antes de la democratización del arte. 

Porque, vamos a ver, ¿qué mirada sobra?¿Qué esfuerzo de cualquier persona por analizar la realidad, interpretarla y generar una pieza, no merece nuestra atención? Yo creo que cualquier persona que asume el impulso de agarrar un pincel, un ratón, una guitarra, una cámara, está contribuyendo a hacer un mundo mejor. Quien sienta curiosidad por estas posibles propuestas, que abra los ojos y mire, que abra los oídos y escuche. Quien pueda hacer, que haga. Por aquí están las llaves que abren algunas puertas. 

Pienso que está quedando claro que os invitamos a participar tanto como podáis en todo lo que ponemos a cocer a fuego lento aquí. Que nos demos un buen festín con lo que cocinemos en común. De entrada tenemos un plato suculento el sábado 19 de septiembre inauguramos las exposición del artista germano palestino Jamil Sumiri.

A continuación le pedí a las asistentes que sacaran los espejos que hubieran traído porque íbamos a intentar hacer una Acción Artística Colectiva. Sorprendentemente más de la mitad de las personas que estaban allí las que habían atendido a este extraño requerimiento que pusimos en la invitación.

La idea era que, de igual modo que el buceador intentaba llegar a las profundidades marinas para encontrar el tesoro, nosotras íbamos a intentar conducir la luz solar hasta lo más oscuro del local. La sede de Proyecto Glocal está en una calle peatonal que recibe luz directa un rato por la mañana y otro por la tarde, y en ningún caso llega directamente a la galería. 

Lo que hicimos fue tratar de rebotar la luz del sol de espejo en espejo hasta conducirlo por dentro de la sala de exposiciones, de la trastienda que es mi estudio de artista, hasta una suerte de cueva que queda al fondo, debajo del pavimento, que sirve de almacén. Fue muy complicado porque el menor despiste de cada “lucífero/a” (No sé si lo sabéis, pero parece que identificar al lucero de la mañana, la que era Venus en la cultura latina, con Satanás se debe a una interpretación errónea en la época medieval, de una expresión del profeta Isaías, traducido por San Jerónimo como Lucifer —el/la que lleva la luz) nos hacía perder el rayo luminoso. Además la luz iba perdiendo intensidad en cada rebote; costó, pero al final lo conseguimos. Duró solo un instante, pero un tímido rayito nos condujo hasta un cofre lleno de oro. Dentro de una caja negra había lápices de dibujo dorados que repartimos entre ls asistentes. En ellos está el logo de Proyecto Glocal y habíamos pensado un lema. No sabíamos si podía ser: Dibuja, dibuja, dibuja, o Hay artistas por todas partes, o Atrévete a crear algo bueno. Al final no lo hicimos, pero dejamos la propuesta flotando en el aire hablando de las personas que intentan hacer algo bueno o hermoso o interesante… o importante, en lugar de conformarse con no hacer nada.

Después de aquél curioso intento de conducir la luz a dónde hacía falta llevarla, tuvimos la actuación musical de Isabel, Juanjo, Silvia, Cristina, Luis, Tere y Miguel. ¡¡Ése fue otro tesoro colectivo!!

Su marcha y buen humor fueron capaces de hacernos resonar a unas con otras, y nos regaló un fin de fiesta inolvidable.

¡¡Gracias a las personas que vinisteis!! Esperamos que lo pasarais tan bien como lo hicimos nosotras.

No os entristezcáis las que no pudisteis venir. Es difícil que vuelva a salir así de bien, pero lo intentaremos.

En la acción artística se pudo comprobar que la colaboración no es fácil, pero que sí es posible, que el tesoro es para todas y que está en nuestras mismas manos utilizarlo con desparpajo e imaginación para iluminar el mundo.