El trabajo con objetos sencillos y cotidianos (papel, hilos y hebras, tijeras, colores…).
El juego como principio creador, con unas reglas previas, pero con la posibilidad de hacer trampas y desvelar algo inesperado.
La dedicación necesaria para que los objetos se elijan solos, se ordenen al albur de la emoción y, casi sin darse cuenta, anuncien que han nacido y que tienen sentido y significado.
Aquello que surge de forma espontánea, con mucho cuidado, pero poco análisis. Lo que aparece entonces, sale de la artista, pero le dibuja una sonrisa en la cara por la sorpresa de su propia obra. El encuentro afortunado a la vuelta de una esquina. Las historias que viven dentro de las cosas.
En esta ocasión ponemos a dialogar a dos artistas que tienen mucho en común. Algunas cosas evidentes (edad, formación, amistad… estrategias) y otras mucho más sutiles.
En mi opinión asistir al espectáculo de conectar la obra de Mercedes con la de Myriam es una magnífica oportunidad para ver, pensar y sentir que lo pequeño también tiene
mucha fuerza.
Juan Iribas















