Muchas veces hemos visto cómo las artistas plantean mundos enigmáticos que no alcanzamos a penetrar, o nos hacen propuestas desgarradas, o incómodas, exigentes con la persona que las contempla. No es el caso de la exposición que presenta María José Pampín en la sala de Proyecto Glocal.
Esta artista abre espacios de imaginación, los ilumina con color y luego deja que lo inmediato, lo intuitivo, el grafismo leve, se eleve sobre sus gamas frías como notas que se derraman por el papel en ausencia de un pentagrama que las ordene, y compone sinfonías visuales sutiles y agradables.
Sus cuadros nos atraen por su originalidad y se reciben con buen humor. Después de décadas artísticas pobladas de dobles significados, de ocurrencias chocantes, incluso desagradables en algunas ocasiones, de pronto podemos disfrutar sin rodeos de una muestra que es esencialmente bella.
Juan Iribas
