Yenny es una artista excepcional. Ella trabaja de una forma que me hace pensar en aquellos soldados españoles que, persiguiendo una ciudad mítica llena de riquezas, se adentraban en la jungla ignota. Armada con un pincel como si fuera un machete, Yenny se abre camino hacia dónde su intuición le lleva, porque no maneja ningún mapa, esquivando las trampas que se esconden en la espesura, inasequible al desaliento, empujada por la ambición de creer que, en algún lugar, tal vez justo a su lado, se puede descubrir un tesoro fabuloso.
Lo que verdaderamente nos maravilla es que su aventura temeraria finaliza una y otra vez con el hallazgo de El Dorado. Una montaña de incalculables riquezas se muestra ante nosotros cuando la pura emoción se materializa ante nuestros ojos, y lo que antes no era más que burda materia inerte vibra ahora y respira, contagiándonos su vida. Si yo pudiera, elegiría ser como ella.
Juan Iribas