Mercedes de la Fuente

Escribir y dibujar eran de niña dos de mis actividades favoritas, y no me han abandonado desde entonces: estudié Bellas Artes, porque el arte era mi forma de relacionarme con el mundo, y me gano la vida trabajando en cine y televisión, inventado historias.

Partiendo de ahí, mi vida como artista se parece mucho a la de todos aquellos que pagan las facturas con otra actividad: luchar por encontrar el tiempo físico y mental para dedicárselo a la creación plástica.

He realizado exposiciones individuales y colectivas y es en éstas donde más disfruto, cuando la individualidad del hecho artístico se convierte en una experiencia compartida.

Sobre mi trabajo:

Te pones a excavar con un lápiz y un papel, con unas tijeras, con aguja e hilo y esto es lo que sale. Me encuentro en la vida de los objetos comunes, en las cosas pequeñas. Encuentro en ellos una densidad emocional y verdadera, el rastro de la existencia de los seres sencillos que no pasan a la historia, pero dejan su marca como la brillante baba de un caracol en las cosas cotidianas. Me gusta poner la mirada sobre ellas e invitar a mirarlas. Luego está el juego, como principio, y el disfrute que implica recortar, componer y colocar hasta poner dos pedacitos diminutos en el ángulo preciso. Y así, como las capas de una cebolla, como las hojas de la col, se van destapando capas de memoria y emociones que trato de que asomen atrayéndolas a la luz jugando, para que no me asusten, para quitarles importancia.